distracción

La distracción, usted, el camarero, el cartero, todos los figurantes y la que escribe, que pasaba por allí.

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Usted no lo sabe, pero usted y yo hemos muerto hoy, durante varios instantes, y no es la primera vez.

Usted y yo hemos muerto hoy de nuevo, y ayer también morimos y, no hemos sido los únicos. No hemos muerto solos durante varios instantes, qué va. En el bar, mientras se consumía lo que se servía, se han volatilizado todos los presentes, junto al guardia y el cartero y demás figurantes urbanos, a eso de las 11 por ejemplo, o qué más da la hora, si no nos hemos dado cuenta. Probablemente el estruendo de la momentánea desaparición general, ha sido camuflado por las miradas torcidas hacia nuestras pantallas o quehacer habitual. Estábamos distraídos, y eso quizá es una especie de suerte, no darse cuenta de que nos ha alcanzado la muerte; esa clase de muerte que no te desploma contra el suelo, sino esa variedad que te hace creerte lejano y desvinculado e incluso a salvo, de la muerte de verdad.

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