Tu carro es mi carro.

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Parroquianxs, descansemos, tenemos veredicto del Papa: Satanás es el culpable de la pederastia en la iglesia. Solucionado. Aunque hasta donde yo sé los niños estigmatizados por el demonio no se canonizan, así que me parece que habrá que preparar mucha agua bendita para este asunto teológico tan científico.

Este señor que manda en el Vaticano y no nos protege de Satán, también considera que el feminismo es un machismo con falda, y el caso es que cuando hace unos días soltó esta segunda sentencia, creo que no estaba tan narcotizado como con la primera. Lo creo,  porque a veces pasa. Recientemente, la dirigente política que ha acusado incansable (y muy cansina) a los demás de vivir en Matrix, ha terminado cayendo en su propia realidad virtual distorsionada, a su imagen y semejanza: El feminismo liberal.

Probablemente, tras leer la Wikipedia aprisa y mal, a esta mujer le ha terminado de cuadrar todo en el cacao que lleva. En su intento de acaparar votos se ha coronado salvadora de la libertad ilimitada de las élites. No sé, algo así como un libre albedrío neoliberal, y ella, la musa.
La vida es sueño Inés,  y Calderón tendría que haberte puesto a ti de prota en vez a Segismundo.

En fin, que sí, que son buenas noticias, que nunca es tarde para subirse al carro morado. De hecho, ya era hora, bienvenida, porque a pesar del oportunismo político, introducir perspectiva de género en tu argumentario supondrá aprender un poquito, y quién sabe… Quizá la magia de la rehabilitación se geste. Yo solo te pido, Inés, que dejes a Clara Campoamor tranquilita. Píllate otra influencer, anda.

Al carro morado nos subimos muchas. Nos fuimos subiendo con toda la buena intención y toda la diversidad. Con nuestros motivos legítimos, pero también con nuestras penas inmensas, y las penas que duelen tanto ocupan mucho espacio. Empezamos juntitas, unas pocas, y ahora que somos tantas se nos han entrecruzado los valores, los dolores, las propuestas, los lenguajes… Hemos empezado a estar incómodas y hemos saltado a otros carros. No ha habido sororidad posible que impidiera esta diáspora. Se frota el heteropatriarcado las manos… Divide y vencerás.

En un contexto euroblanco, la lucha de las mujeres racializadas no es únicamente una lucha de género contra el machismo, también supone el extra de hacer pedagogía al feminismo hegemónico, un colectivo que tendría que ser mejor aliado y no un frente más abierto. Si encima eres mujer trans por favor respira hondo, pero no tires la toalla que también hay un carro para ti.

Acudo a menudo al concesionario feminista a ver qué nuevos modelos han salido. Es un ejercicio de reflexión y un intento de revisión constante ante el mutante. Por algo se llama movimiento, porque no es estático, porque se está forjando y porque ha de ser flexible y desmontable, autocrítico.

Nunca hablo en el concesionario, pero hace poco lo hice (si Inés puede, yo también), porque consideraba que estaba en un espacio seguro, no hostil y tenía dudas. Unas dudas que no fueron resueltas, porque mi apariencia física y mi planteamiento sobre el uso del lenguaje no se entendió como hubiese querido en un foro racializado; por tanto me invitaron a volver al carro de las potencialmente opresoras. Una opresora oprimida. No problem. Pero al final todas oprimidas, y con la casa por barrer.

¿Cómo puede ser entonces, la forma de acercarse, compañeras? ¿Cómo lo hacemos, si no aprovechamos  este tipo de escenarios para recogernos?

Las mujeres sufrimos de formas diversas y la pena enquistada de todas no está permitiendo demasiadas veces el acercamiento. Tampoco el descentrarnos del verdadero origen de la desigualdad inagotable y la explotación: el neoliberalismo y sus actores.
El feminismo es un movimiento revolucionario donde caben todas las luchas y con el que se enjugarán todas las lágrimas. Tenemos que poder hablar más, y mejor. Pero primero tenemos que vernos las penas. Déjame subir a tu carro, que yo voy a aparcar el mío.

Abrácese quien pueda.

Lo llevo estupendamente.

 

 

 

 

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Batas blancas, batas negras, doy fe.

 

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El Sol ​ es una estrella de tipo-G de la secuencia principal y clase de luminosidad V que se encuentra en el centro del sistema solar y constituye la mayor fuente de radiación electromagnética de este sistema planetario.

Los pulmones humanos son estructuras anatómicas pertenecientes al aparato respiratorio, se ubican en la caja torácica, a ambos lados del mediastino. Debido al espacio ocupado por el corazón, el pulmón derecho es más grande que su homólogo izquierdo.

¿Objeciones? ¿discrepancias?

Me dijeron también, que las naranjas son de color naranja, que tienen una vitamina hidrosoluble denominada C, imprescindible para el desarrollo, crecimiento y  también la reparación de tejidos de cualquier parte del cuerpo.

Lo afirman señores con batas blancas. No tengo forma de comprobarlo y tampoco argumentos en contra. Igual es que socialmente no te enseñan a que te importe este tipo de conceptos y mucho menos a polemizar al respecto.

Cuando caí en el mundo, cambiaron el nombre de la comunidad autónoma en la que mi madre se puso de parto. A día de hoy el fenómeno de olvido político ha sido tal, que casi la totalidad de mis oriundos desconoce el dato, y quien osa recordarlo es digno candidato de envío al ostracismo. O la mierda, sin más.

El homicidio doloso se encuentra tipificado en el artículo 138 del Código penal con la pena de prisión de 10 a 15 años.

El homicidio cometido por imprudencia grave, en el artículo 142.1 se pena de 1 a 4 años.

El artículo 240, señala: “El culpable de robo con fuerza implica prisión de 1 a 3 años.”

Avanzando un poco más, el artículo 473 también del Código penal, cita que las personas que promuevan y sostengan la rebelión serán castigadas con penas de entre 15 y 25 años de cárcel y hasta 30 años si hay uso de armas. Si sumas delitos de organización criminal y malversación de caudales públicos, el montante puede salir a 74 años de cárcel.

Lo dicen señores con batas negras. No tengo forma de calibrar el perjuicio emocional de lo tipificado como delito, nadie la tiene, pero sí capacidad para discernir:

La ley ampara lo metafórico y muestra elasticidad ante lo material. “Romper un país” merece un castigo mayor que romper la vida de una persona.

Algo tiene el tema de la patria. Un no sé qué y un qué sé yo. Qué será lo que nos inyectan… Qué será y por qué no me hizo efecto a mí. Yo quisiera ser normal. Asumirlo tan bien como el efecto de la vitamina C.

Resulta inquietante comprobar de nuevo (teniendo en cuenta la diversidad de contenidos que comparto y señalo), cómo se alborota el personal cuando toco aunque sea de refilón “la nación”. Gente además que jamás interactúa conmigo, ni siquiera cuando anuncio bodas o hago foodporn de golden retriever.

También han sido varias las personas que me han dejado de hablar y me han borrado de sus redes sociales por denunciar  lo que para mí es una falta de coherencia. No hay drama ni queja en ello, hay un matiz: Son personas con las que he compartido entierros, enfermedades, nacimientos, confidencias. Confidencias en las que admirablemente para mí aguantaban lo inaguantable.
¿Qué te lleva a fulminar a quien imaginas que va en contra de tu patria y no a quien materializa daños reales sobre tu persona? ¿Pero qué demonios pasa con la identidad territorial?

Este fenómeno que generan las “patrias buenas” ante las “patrias malas”, es para mí como las líneas de Nazca, el Stonhedge, o la droga que seguro lleva el humus de Mercadona para enganchar así.

Lo llevo estupendamente.

Periodismo, declaraciones, profecías.

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-Yo tengo seis hijos, y también hijas, pero ellas no cuentan.
-¿Por qué no cuentan?
-¿Por qué deberían?
– Las criamos, las cuidamos y se casan. Después le pertenecen a otro.
– Si el gobierno construyera una escuela ¿no enviarían a las niñas?
– ¡Noooooo!

(Mucize, Turquía 2015)

Así empieza la película Mucize (imprescindible, recomendable) y muchos dirán que eso es normal en Turquía, que eso pasa allí, no aquí, que somos  la cumbre de la civilización democratizada.
Occidente es el alpinismo cognitivo de las clases elevadas. Estamos tan en la cima evolutiva que nos hemos clavado la “banderita” en el cerebro. Sospecho que al clavarla, la materia gris se ha visto afectada.

Dice una aclamada actriz que “Las mujeres van a acojonar de tal manera al género masculino que no va a haber forma de ligar”. 

Y ante tal profecía no queda otra que admitirlo. Las feministas se han descontrolado. Se les ha ido lo de la igualdad de las manos, y eso es una realidad indiscutible. Denle al botón rojo del danger  (mejor al eject si disponen de él, para salir disparados inmediatamente en órbita), y corran hacia sus búnkeres. Protéjanse.

Protéjanse, porque hordas de mujeres perturbadas fletando autobuses, están saliendo a las calles diciendo atrocidades. Que no las maten, piden. Hay que joderse. Si es que “no se puede permitir esa kale borroka” dice un político que antes era juez.  “Ese feminismo de secta es insultante” apunta una afamada periodista.
Y sí… Ese feminismo de secta nos va a arrancar los ojos, o peor: nos va a poner a lavar baños.

Kale borroka debe ser la versión local oportunista del manido feminazi. Igual de incorrecta, igual de populista, igual de inconveniente. Se necesita mucha paciencia para asimilar todas estas declaraciones, articuladas supuestamente por gente inteligente. Por eso sueño, fantaseo y pestañeo muy rápido. Me evado evocando rigurosidad conceptual, mejores insultos, un poquito de cultura general para llevarlo mejor.  Porque relacionar el feminismo de la cuarta ola con terrorismo o con la izquierda extrema para desprestigiarlo, supone  echar por tierra todas las máximas del filósofo Grice*. Es mearse en la retórica, es querer beberse el mar de un sorbo, es perder un imperdible.

Vamos a aclararnos: Las feministas del ahora, defienden a ultranza exclusivamente con la palabra los derechos de toda la sociedad. Critican duramente desde el pacifismo y la resistencia el sistema patriarcal y la justicia que lo sustenta. Sólo por protestar reciben ininterrumpidamente una tormenta de vejaciones. Sólo por denunciar verbalmente la violencia sistémica a la que está sometida la mujer en todo el planeta son calumniadas, maltratadas, juzgadas y demonizadas. Sus aseveraciones exigiendo respeto a nuestros cuerpos han resultado ser más incendiarias que las acciones de otros colectivos. La amabilidad con la que recogen los medios de comunicación el movimiento de los chalecos amarillos, (una organización que ha optado por materializar la violencia para conseguir sus objetivos) deja pasmada a cualquiera. Y de la indulgencia hacia los taxistas, mejor no hablar. Prefiero ir a por las mías.

Las Sufragistas se encadenaban a las verjas de edificios públicos, provocaban incendios, rompían escaparates, colocaban bombas, saboteaban las redes del tendido eléctrico, peleaban con la policía y hasta se atrevían a atacar el domicilio del primer ministro con explosivos. A día de hoy hasta el periódico de ideología más conservadora las respeta.

En su último discurso, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial afirmó que “Cuando la Constitución resulta golpeada no puede renunciar a defenderse”.  Bien, sí, entonces, ante tal lógica: Si hasta un ente simbólico como “el estado” tiene plena legitimidad para defenderse, entendamos que las mujeres, entes físicos y vivientes, receptoras atemporales de todo tipo de agresiones, también deberían poder protegerse. Al menos con la palabra, ¿no les parece?

Hasta el moño me tienen con las declaraciones.

Lo llevo estupendamente.

 

 

*Principios pragmáticos de Grice:
Máxima de cantidad: Da la cantidad necesaria de información (ni más ni menos).
  1. Da tanta información como sea precisa.
    II. No des más información de la que sea necesaria.
Máxima de calidad: Intenta que tu contribución sea verdadera
III. No digas nada que creas que es falso
IV. No digas nada si no tienes pruebas suficientes de su veracidad
Máxima de pertinencia o relevancia:
  1. Sé relevante
Máxima de modo o de manera: sé perspicuo, es decir, claro.
  1. Evita la oscuridad en la expresión
    VII. Evita la ambigüedad
    VIII. Sé breve
    IX. Sé ordenado

 

A mí que me insulten.

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La semana pasada el periódico EL MUNDO entrevistaba a una conocida diseñadora de moda y le preguntaba sobre la última tendencia: ¿Eres feminista?  Una pregunta a la que contestaba sí hombre, pero no nos pasemos: “Cuando voy a la manifestación del 8-M, a mí no me gusta que se insulte a los hombres. Me parece una barbaridad que se critique que un varón te abra la puerta por educación. No hay que llegar a esos extremos. Los hombres también están en mucha desigualdad en muchas cosas como en la custodia de los hijos o en las bajas por paternidad y no salen a la calle a poner el grito en el cielo. Tampoco podemos ser tan extremistas porque los estamos castrando”.

El 12 de agosto un adolescente golpeó hasta dejar en coma a una mujer en Valladolid. Murió la noche del lunes del pasado 23 de septiembre. Pocas horas después, alcanzando ya el martes 25 de septiembre, un hombre en Castellón asesinaba a sus dos hijas para vengarse de su ex-pareja. La magristrada que llevaba el caso no apreció intimidación en las grabaciones que se aportaron y en las que el agresor decía: “Me voy a cargar lo que más quieres”.
Unos kilómetros más al norte y también con varias denuncias por violencia de género, un hombre degollaba a su mujer, de veinticinco años, en presencia de sus dos hijas en Bilbao. Al mismo tiempo, otro hombre absuelto en un juicio celebrado en mayo en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Granada, también apuñalaba y mataba a su ex-pareja.

Al día siguiente, miércoles 26 de septiembre en Torremolinos, un hombre decidía asesinar a una chica que se había negado a salir con él. Llegado el jueves 27,  un hombre volvía a apuñalar hasta matar a su pareja en Torrox.  4 mujeres y 2 niñas asesinadas la última semana, que hacen un total de 12 vidas robadas en septiembre.

Esto no ha sido algo aislado y excepcional. En junio hubo cinco asesinatos y en julio y agosto se perpetraron seis crímenes en cada uno. Son 17 en tres meses. Son ya 38 mujeres desde enero de 2018. Sumadas a las 8 niñas y 2 niños. 962 asesinadas por sus parejas o ex-parejas desde 2003. 27 menores desde 2013.

Creo que estas cifras justifican los gritos, los insultos, la rabia en las manifestaciones y hasta alguna salida de tono. Creo que tener que matizar ante estas cifras que no se insulta a todos los hombres y que no todos los hombres matan, es faltarle el respeto a todas las víctimas y es dejar en evidencia una total falta de inteligencia y sensibilidad.
Querer moralizar y silenciar a personas que injurian o que exclaman con vehemencia una barbarie, antes que señalar y perseguir a aquellas que ejercen violencia física y emocional real, significa no tener ni idea de lo que está pasando y certifica que poco te conmueve/importa, porque no hay ninguna intención de conectar con la situación. Prestar atención y preocuparse por castraciones metafóricas y no clamar y estremecerse  ante estas cifras objetivas, es estar totalmente fuera de la realidad.
Son demasiadas las personalidades públicas con influencia en la sociedad a las que se les publica declaraciones tremendamente irresponsables, en lugar de incidir en lo salvaje, en la verdad, en lo empírico.  ¿Por qué no cambiamos la ofensiva? ¿Por qué no empezamos a castrar y  a insultar metafóricamente a las mujeres y dejamos de asesinarlas? ¿Nos saldrán así más defensoras blancas, heteronormativas preocupadas por nuestro bienestar emocional? Y con esto no estoy proponiendo que se empiece a asesinar a los hombres, sobra decir, espero.

Si desde las instituciones se está cometiendo una injusticia hacia los padres que demandan custodia filial, ésta ha de gestionarse en el contexto que le corresponde, y no mezclarlo con lo que reivindican las activistas con urgencia y por emergencia: no nos matéis, ni en casa ni en la calle. 962 mujeres asesinadas en España desde 2003. 962… Pero son las feministas radicales las que están reprimiendo a los hombres, y eso es lo más destacable en un medio de tirada nacional y la gran aportación de una figura de relevancia que no ve a las muertas pero sí a fanáticas maleducadas. Esto de las custodias tiene una solución mucho más sencilla que volver de la muerte. O sea, que no se resucita.

Se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida. Sin embargo, algunos estudios demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres han experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida. Unos 120 millones de niñas de todo el mundo (algo más de 1 de cada 10) han sufrido el coito forzado u otro tipo de relaciones sexuales forzadas en algún momento de sus vidas. Con diferencia, los agresores más habituales de la violencia sexual contra niñas son sus maridos o ex-maridos, compañeros o novios. Las mujeres adultas representan el 51 por ciento de las víctimas de trata de seres humanos detectada a nivel mundial. En conjunto, las mujeres y las niñas representan el 71 por ciento, siendo las niñas casi tres de cada cuatro víctimas infantiles de la trata. Incontables  en el mundo entero. Este, este es el escándalo, y no que cuatro exaltadas te llamen machirulo.

Lo dicho, a mí que no me maten, a mí que me insulten.

La periodista ilustrada, la despeinada rehabilitada y la que escribe, que pasaba por allí y estorbaba.

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“Pero no te olvides de Forges”

 

Ayer llegó a mi canal de noticias de Facebook, un post que estaba teniendo mucho éxito. Plasmaba el shock que genera el repentino cambio de peinado de una política que por fin (aleluya) abandonaba el feísmo. Un texto exquisitamente bien redactado y por tanto aparentemente educado, supurante de ironía, y muy, muy vírico. Vírico porque era un texto de esos que te contagian maldad aunque no la tengas latente y alientan a los ultras a decir salvajadas.

Aunque el tema de la tiranía de la belleza está tan diseccionado que no queda nada por añadir, precisamente por el nivel de retórica de la autora y el volumen de sus seguidores, (para mí total desconocida) decidí comentar a pesar de la obviedad:

“Si en lugar de argumentar sobre los fallos o aciertos profesionales de las mujeres se insiste en debatir sobre cabellos encrespados y atuendos inadecuados, seguimos diluyendo y ninguneando el trabajo y la dignidad de todas”.

Mi comentario empezó a ganar likes y eso no debió gustarle a la autora, porque no contestaba a nadie, pero a mi me recetó reflexión y una máxima latina que seguramente le hizo sentir aún más ilustrada:  “Relee mis preguntas, son políticas: Nulla aesthetica sine ethica”.

Ante la improductiva  y arrogante partida de ping-pong dialéctico que ofrecía y, mi total desinterés en continuar alimentando una falsa cortesía, le digo que prefiero releer a Judith Butler o a Naomi Wolf, que muchas gracias, pero no.

Me encantaría poder copiar textual toda la conversación, pero esta persona borró mis comentarios y me bloqueó. Imagino que porque subían los likes  y eso debió ponerle muy nerviosa.  My wall my rules.

Parece ser que esas normas, establecen que sí son bienvenidos comentarios tipo: mona come bananas, Betty la fea,  piltrafa y blabla, blabla, blabla (o wahwah wahwah que es lo que codifica Charlie Brown cuando hablan los adultos).

Ese fenómeno paranormal, en el que la que estaba ofendiendo/molestando era quien rebatía con argumentos a cuenta de calificativos, hizo que dedicara unos minutos a indagar sobre el perfil público de esta mujer, que resultó ser periodista. Una periodista que dirige un programa de radio en una radio pública, que además viene de una familia noble, catalogada en Wikipedia como estirpe de intelectuales.

¿Cuántas personas en nuestra profesión se preocupan y pueden explicar las repercusiones y los efectos sociológicos y políticos que tiene la persistente presencia del sexismo en la cobertura de la actualidad? ¿Cuántas denuncian o al menos tienen en cuenta todas las formas de violencia, incluyendo la que ejerce el poder del Estado? Para ser buen periodista se precisa ser buena persona.

El periodismo con perspectiva de género tiene como función construir desde el lenguaje en beneficio de toda la población, y esa función es asunto de todo el gremio. Es imposible hacer buen periodismo sin cuestionarse cómo colaboramos en potenciar todo tipo de desigualdades sociales.

Poseer títulos académicos que te permiten dominar el lenguaje no implica ser un profesional completo. Debe implicar ser consciente de la influencia que se ejerce y cuestionarse y preguntarse incansablemente antes de publicar:

¿Este mensaje que lanzo construye o destruye?, ¿ayuda a mejorar el ambiente hostil en el que intentamos sobrevivir diariamente?

Incontables medios de comunicación maltratan y deshonran a mujeres fuertes, inteligentes y valientes, por el simple hecho de ser mujeres fuertes, inteligentes y valientes. A mujeres, sea cual sea su ideología y a muchos más colectivos fuera de lo heteronormativo. Un tipo de periodismo peligrosísimo, porque en realidad son tertulianos del Sálvame disfrazados de intelectuales.

No hay intelectualidad que valga sin espíritu crítico, humildad y empatía.

Lo llevo estupendamente.

 

Apolo, Dioniso, la otredad, la mismidad, y la que escribe, que pasaba entre discusiones, naciones, o qué sé yo, si la culpa de todo la debe tener Nietzsche.

 

 

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La tensión entre Apolo y Dioniso resulta un lastre pegajoso tipo chicle entre los dedos.  Ese tira y afloja de la configuración identitaria, se ha dilatado e introducido en el ADN de los discursos mediáticos, políticos, sociales, coloquiales… Gracias, Nietzsche.

Apolo es el representante del control. Regula el equilibrio, la serenidad, la moderación y la verdad. Es el que crea los contornos y los define, el que construye, concentra y da unidad.  Dioniso es el otro poder, otro aspecto de la vida: el descontrol, la desmesura. Fue despedazado y volvió a recomponerse, pues la disgregación de toda unidad forma parte de su naturaleza. Ha sido niño y niña, también carnero, toro, león y pantera porque Dioniso es el triunfo de la pluralidad en uno mismo, de la alienación. Un dios libertino que finalmente la ideología patriarcal ha posicionado fuera de lo divino.

Convivimos y nos comunicamos con la influencia de estas dos divinidades. Día a día, en cada informativo, artículo, debate o discusión,  desde las personalidades de Apolo y Dioniso nos hablan y convencen. Nos provocan y cabrean con sus mundos opuestos, nos poseen, nos separan y nos colocamos en bandos.
Establecemos bandos por un mal enfoque de la dialéctica, colocando por defecto al otro en la oposición, en una absurda lucha constante. Desenchufados y soberbios, arrinconamos todo interés en atender y comprender otras realidades que, equivocadas o no resultan igual de legítimas.

Construimos a  través de diversos mecanismos psicológicos y sociales a ese individuo diferente que no forma parte de nuestra comunidad ideológica.  Creemos que la existencia del  “Otro” es ajena, por tanto, lo propio es mantener nuestra identidad ante él. Lo diferente suele ser aquello que atenta contra lo mismo, y sostiene en la base un sentimiento de temor frente a lo distinto.

Ante la otredad toca alzar banderas de la mismidad para consolidar la conservación de la identidad individual y colectiva, su memoria y la transmisión de ésta. En escasos segundos nos convertimos en agresores y agredidos. Somos los otros para los otros y viceversa. Agotador.

Los Otros son aquello que nunca fuimos, no somos y no seremos. Incluso representan lo que no queremos ser. No soy vidente, pero así no habrá quorum. Mientras las discusiones sigan ganándose o perdiéndose, articularemos argumentos para doblegar, herir o demostrar que sabemos más y cotizamos en bolsa con la verdad universal.

Nos conducen a ser Apolos o Dionisos y a posicionarnos, y no tenemos ni idea de cómo manejarlo, pues nos falta mucha información y ubicuidad. No podemos ir hacia las cosas si no es por medio de la palabra, así que dejemos de pelearnos y conversemos más para aprender más y conectar con ambos espíritus, aunándolos.

Apolo necesita de Dioniso para maniatarlo, y Dioniso necesita de Apolo para sobrepasarlo. Apolo siempre querrá colonizarnos y domarnos, porque nuestro Dioniso nunca será domesticado. Conciliar esas dos influencias y aprender a no favorecer a un dios prescindiendo del otro sería el ideal; y quizá posible, si en lugar de tirar de conocimientos que no tenemos, tirásemos de empatía, que en principio va de serie. Eres Apolo y también Dioniso varias veces al día: disfrútalo.
(Aunque personalmente, a mí, que me expulsen y me expatrien).
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Una aproximación a la perspectiva de género en los campos de refugiados: rompiendo clichés neocolonialistas.

 

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Sitúate en un momento en el que no hayas tenido luz y agua durante horas, o improvisa cómo funcionarías ante un corte indeterminado. Personalmente, recuerdo cada día de la completa semana que pasé sin suministros en mi casa. Un incendio en el bajo del edificio, provocó una avería que activó todo un ejercicio de creatividad y búsqueda de alternativas. La imposibilidad de fregar o asearme era medianamente llevable durante el día, pero se agravaba al llegar la noche, porque tenía que  cargar con una lámpara recargable para hacerlo todo.  Aun así, el verdadero problema estaba en las cañerías: no podía usar el WC bajo ningún concepto, y mucho menos desechar por él las aguas residuales. Lo cierto es que ante la total incomodidad, las distancias a recorrer eran escasas y sobre un suelo liso. Me sentía muy molesta, pero el espacio era mío y por tanto me encontraba muy segura. A pesar de las circunstancias y mi vulnerabilidad, pude sortear tantas molestias en intimidad y con   la certeza de que esa situación terminaría.

Las mujeres que llegaron a los campos de refugiados, no tuvieron tanta suerte. Donde yo tenía paredes, un par de metros, pavimento y cero testigos, ellas contaban con cremalleras a cuenta de puertas, público y distancias sobre pedruscos, que debían afrontar cada vez que necesitaban un grifo.

¿Cómo realizas las tareas domésticas sin agua y a veces sin luz dentro de una tienda de campaña? Tareas domésticas… es casi insultante. Pues las realizas fuera de ella, cargando platos, cubiertos, ollas, ropas, alimentos, lo que sea, y transportando todo como puedas haciendo malabarismos por las piedras, hasta la manguera más cercana. Si por pura potra te pilla a menos de veinte metros de tu tienda y además puedes tirar de tus hijas mayores de seis años, fenomenal. Si de varones consta tu prole, enfílate tú solita. Trata de no tropezar, haz cola y espera tu turno para fregar con agua helada todo tu ajuar de plástico. A ver cómo sale la grasa, porque además no te han dado el jabón bueno que solías comprar, pero da gracias y no seas ingrata. Afronta sin desesperarte demasiado cada colada familiar, o lo que sea que necesites enjuagar o lavar soportando las inclemencias ambientales. Y todo esto de cuclillas y por primera vez en tu vida, porque ya no tienes electrodomésticos, ni fregadero, ni lavabo, ni cocina, ni salida.

Haced esto cinco días seguidos. A ver cómo quedan vuestras rodillas, vuestras piernas, vuestras manos, vuestro asco de vivir. Y mientras, tratad de no recordar cómo visteis y oísteis y sentisteis caer todo vuestro mundo. Frota, enjabona y no pienses en cómo le reventaron la cabeza a tu hermano o en el día que secuestraron a las niñas de tu barrio. Cuando acabes, vete a hacer la cena y atiende a tu marido, que está deprimido, tumbado en ese lugar donde dormís. Quizá hoy con algo de suerte no vuelva a intentar convencerte de tener otro hijo mientras los otros tres duermen en el mismo mono ambiente. Mono ambiente… es insultante.

Para paliar la crudeza de tanta injusticia y abuso, los voluntarios y voluntarias que acudimos con toda nuestra buena voluntad a un campo de refugiados, tratamos de crear espacios exclusivamente femeninos donde las mujeres puedan encontrarse y asearse, sintiéndose un poco más  libres y seguras. Una opción es construir un “hammam” y solo es posible si los militares y las fuerzas de autoridad lo permiten (el tiempo que lo permitan)  y mientras las ONGS que organizan las estructuras lo consideren oportuno.

En un baño árabe, las mujeres tienen donde reunirse y charlar. Se maquillan, se pintan las uñas, se dan masajes, se quitan el hiyab, se quitan los pelos, las canas, las penas…  Hasta que un día alguien pone sobre la mesa que se está apoyando una gran frivolidad. Se empieza a dar vueltas al tema de la estética desde una perspectiva que no permite conciliación, pues al parecer esa necesidad no es básica para algunos, y poco a poco ellas vuelven a perder un espacio imprescindible y legítimo, porque está gestionado externamente. Una vez más las mujeres se diluyen sin remedio por medio del discurso. En este caso un discurso ajeno.

¿En qué momento nos atrevemos a crear un debate respecto a la utilidad y relevancia de un espacio que no usaremos nosotros y que tanto necesitan ellas? No importa la respuesta, porque la lógica desde la que se está planteando esa pregunta no proviene del colectivo afectado, sino del que lo regula. La controversia solo sería adecuada si viniera por parte de las mujeres de la comunidad. ¿Cómo llega a ser polémica la intimidad que necesita una mujer de otras culturas en un campo de refugiados? ¿Un lugar donde poder hidratar y mimar tu cuerpo castigado puede llegar a ser objeto de debate?

La labor de las ONGS es salvaguardar la identidad ante la opresión y propiciar materiales y actividades acopladas y acordadas con las refugiadas. Solo de ese modo éstas pueden sobrellevar la incomodidad y la inseguridad con dignidad y potestad. Todo lo demás, no es asunto nuestro, pero termina siéndolo, porque las realidades individuales que interactúan son inabarcables y, las capacidades personales muy limitadas por el dolor que sufrimos todas las partes.

En los campos de refugiados hay varios escalones jerárquicos que aplican su preponderancia sobre su antecedente: Militares-autoridades locales/ ONGS/ Voluntarios/ sirios/kurdos/afganos/ jazidies. Por encima de todos estos entes sobrevuela algo que el ser humano ha llamado “religión” y que los occidentales han posicionado como única y verdadera su versión de ésta: el catolicismo. Para lograrlo (entre otras acciones en el pasado) han aprovechado  la degenerada interpretación del radicalismo islámico, el miedo de la población y el desconocimiento de la misma, para demonizar la doctrina primigenia del islam. Todo ello, patrocinado por los intereses políticos de ambos lados y bandos: oriente y occidente.
El sociólogo Ramón Grosfoguel lo denomina “sistema-mundo moderno”. Un sistema colonial, capitalista, patriarcal, sexista, racista, blanco, militar, cristianocéntrico y occidentalocéntrico. Quiero decir (y esto es resumir mucho): ACNUR coge un puñado de seres de distintas etnias y les suelta en un entorno regulado de manera aleatoria, donde pequeñas ONGS afrontan tal crueldad como mejor pueden, así que se  les organiza según la cosmovisión occidental. Les obligamos a funcionar bajo nuestra lógica y metodología, pues mantener un equilibrio y un reparto justo de los recursos ante el horror, conlleva adquirir el rol de cuidador y juez para evitar conflictos. Proporcionarles autonomía para que gestionen sus recursos y algún tipo de cotidianeidad es extremadamente costoso. Dependen incluso de nuestro estado de ánimo, pues quizá ante una distribución de alimentos, mi cansancio como voluntaria blanca, me lleva a resolver a mi manera lo que yo considero que es un exceso de demanda, o falta de respeto o de ley. Tenga o no tenga razón lo que sí tengo son las llaves del almacén y de las furgonetas. Me guste o no, quiera o no, estoy en un escalón superior porque yo raciono las donaciones, los tiempos y lo más importante: puedo entrar y salir cuando quiera. Por eso y sin darnos cuenta les damos lecciones. Les juzgamos por sus velos o costumbres y encima pretendemos liberalizar a las mujeres artificialmente según nuestros criterios; obviando completamente que una sociedad que carece de derechos, es una sociedad que oprimirá a los catalogados como el sexo débil. Por muy buena intención que tengamos, no podemos establecer estrategias de luchas globales, cuando se ejerce control entre iguales y las relaciones que se establecen son de poder.

Todo ello se materializa en los campos de refugiados griegos, donde hay estructuras visibles e invisibles de dominación. La mujer siria, aunque esté silenciada, también tiene a alguien por debajo: la mujer kurda, y la mujer kurda a la afgana y la afgana a la jazidí. Y los niños también tienen a quien oprimir. Hay animales que apedrear. Siempre hay otro ser bajo tu escalón. La transversalidad de la dominación es multidireccional.

La carencia de libertad que sufren las refugiadas es tal, que incluso las actividades deben ser reguladas y creadas por nosotras las voluntarias. Esa acción implica trabajar por y para ellas, no junto a ellas. Trabajar con ellas resulta laborioso e implica proporcionar una independencia que se escapa demasiadas veces de nuestras capacidades, principalmente por la barrera idiomática, pero esencialmente por las construcciones mentales que tenemos sobre lo que es y necesita una refugiada. ¿La guinda del pastel? Venir de una guerra no te convierte mágicamente en un ser excepcional si no lo eras ya, pero es que venir a ayudar, mucho menos.

Es totalmente cierto que yo disponía de poder, y mi deber era utilizar ese poder con humildad para modificar con mis acciones las acciones presentes o posibles en la comunidad, de manera productiva. Pero ¿dónde está la línea que no debo atravesar para apoderarme de una lucha que no es la mía y a la vez tender una mano por disponer de los recursos y de esa manera acompañar en la conquista de la propia autonomía?

Las mujeres han de participar y estar en los espacios, pero no podrán hacerlo mientras carezcan de derechos. La mujer blanca tras una larga lucha obtuvo una liberación social. Las mujeres árabes tienen su versión sobre la batalla contra el patriarcado, y cuanta más libertad adquieran más se propagará esa lucha. No seré yo quien les diga si el matrimonio a los 18 años es bueno o malo, o su hiyab compatible con ser feminista.  En general, ellas son mucho más libres y flexibles en cuanto a prejuicios de lo que se cree. También ven películas, navegan por internet y hasta hace poco viajaban por placer. Ninguna me pidió cubrirme delante de sus maridos, no pidieron explicaciones sobre mi estado civil, y acudieron a los talleres que se creaban sobre el cuidado infantil. Mujeres que han atravesado montañas y ríos con la sutura de la cesárea y su bebé a cuestas.

En cambio había muchas conversaciones sobre si los niños iban más o menos sucios o si pedían demasiadas mantas o ropa. Bien… miradlo desde este punto de vista: La vez número diez  en un día que tu hijo vuelve  marrano de jugar y tú sola solita sola, has hecho la colada de toda la familia a mano con agua congelada, has fregado con agua congelada, cocinado 4 veces en una fogata, calentado biberones, se ha puesto a llover a mares y la ropa que tenías tendida en la reja que cierra el campo vuelve a estar llena de barro… pues una como que se relaja con eso de la pulcritud ¿no? Y espérate, que encima te han cerrado el maldito hammam por potenciar culto a la apariencia.

Las mujeres refugiadas cargan con el shock de la guerra y además continúan con sus tareas y roles sin ningún tipo de ayuda por parte de sus iguales, en este caso sus familiares hombres. Es importante marcar que esta es la punta del iceberg: el área doméstica. La dominación que sufre la mujer refugiada es una matrioska de pérdida de identidad y un forzoso asentamiento en el No-ser, inferido por todos y cada uno de los actores y actrices con los que se cruza en el escenario: desde los voluntarios y voluntarias hasta sus propias vecinas y vecinos.  Un escenario que sirve como ejemplo matriz para poner encima de la mesa el problema real, que es la opresión , y cómo cuantos más privilegios posee un colectivo más superior se siente ante otro, que tiene menos o ninguno.

Un campo de refugiados es un ente vivo, donde se ejercen acciones voluntarias e involuntarias de sometimiento en todas direcciones. Todos y cada uno de los intérpretes, consciente e inconscientemente afrontan el día a día cruzando demasiadas veces esa delgada línea que separa la cooperación de la intromisión en el caso de las ONGS, o la de la cultura y la de “tengo más morro que espalda porque Alá me respalda” en cuanto a la identidad relacional.

El cuidado y la atención son perpetuados por mujeres, sea cual sea la cultura. El sujeto activo pacífico siempre es la mujer. Teniendo esto es común, que es lo más importante, hay que concebir luchas de liberación efectivas empezando por el respeto y la empatía de ser humano a ser humano. Tenemos que reconocer nuestra participación en los sistemas de dominación. Si no hay esa conciencia, ese dolor existencial de asumir “soy un privilegiado “, no se puede llegar a la empatía que disuelve desigualdades. Hay que incluir a los niños varones y a los hombres en el cuidado colectivo y en la emoción. No nos conformemos con un cambio unilateral. No se trata de empoderar a la mujer, sino de erradicar la subyugación. Aquellos que ejercen poder sobre otros han de ser conscientes y erradicar las formas. La transformación ha de ser en todas direcciones y sobre todos los individuos.

(Creo necesario aclarar, que los términos de este análisis no se acoplan a los miles de casos personales que se podrían plantear sino a perspectivas epistemológicas. Todos los seres humanos que estuvimos allí hicimos lo que pudimos lo mejor que supimos con la mejor de las intenciones, y ellas por su condición y circunstancias, también cruzaron la línea innumerables veces. Es muy difícil encontrar un equilibrio de trato horizontal cuando un bando cuenta con todos los privilegios y el otro con ninguno. Aun así, a pesar de la presión y el abuso que también ejercían sobre nosotras, ellas siempre se llevaron y seguirán llevándose la peor parte).

 

Gracias a Laura por compartirme su experiencia y a Irene por proponer la oportunidad de plasmar esta perspectiva. Gracias Sirin Adlbi Sibai por arrojar tanta luz.